Archivos mensuales: junio, 2013

Chuleta de análisis técnico para novatos

No esperéis aprenderlo todo con una simple chuleta porque la única intención es daros una pequeña idea general sobre análisis técnico para que tengáis un punto de partida.

No esperéis aprenderlo todo con una simple chuleta porque la única intención es daros una pequeña idea general sobre análisis técnico para que tengáis un punto de partida.

Un lector del blog me preguntó si podía recomendarle algún libro donde vinieran resumidas las principales figuras y conceptos de análisis técnico. Me confesó que, además de novato, era bastante torpe a la hora de entender los gráficos y que el análisis técnico para él era un poco chino.

Lamentablemente no pude recomendarle ningún libro donde viniera resumido todo el análisis técnico y donde se explicaran todas las figuras y conceptos de una forma sencilla y amigable.

Así que me dije… ¿Y si creo una chuleta con lo más básico que pueda ayudar a tantos y tantos novatos que se iniciarán algún día en bolsa?

No penséis que ha sido fácil intentar resumir y sintetizar todo el análisis técnico en una chuleta. Los conceptos del análisis técnico a veces son difíciles de explicar sin dejar de utilizar un montón de palabras. Es difícil sintetizar cada cosa y que además sea medianamente comprensible para personas que jamás han visto antes gráficos de análisis técnico. Pero bueno, lo he intentado y soy consciente que me habré dejado un montón de cosas en el tintero.

Advierto que solamente es una chuleta. No esperéis aprenderlo todo con una simple chuleta porque la única intención es daros una pequeña idea general sobre análisis técnico. Tan sólo pretende ser un punto de partida para empezar a aprender.

De todos modos, si a alguno le interesa, aquí os dejo el enlace de descarga de la última versión de la chuleta: Descargar aquí la chuleta.

El PDF tiene tamaño A3 (doble folio) para que se vea todo lo más grande posible. Si no tenéis impresora de ese tamaño podéis ir a una de esas imprentas rápidas para que os lo impriman o podéis pedirle a algún amigo que sí tenga esa impresora que os imprima alguna copia. Si no, siempre os queda la solución de imprimir el PDF ajustando el tamaño del papel a tamaño A4 pero no pienso regalaros ninguna lupa y no aceptaré pleitos ni demandas si alguien se queda ciego.

Se agradecería alguna donación por el inmenso trabajo que me ha llevado, aunque ya sabéis que no me mueve sólo el dinero, así que regalo la chuleta sabiendo que no todo el mundo querrá o podrá hacerme una donación para seguir sosteniendo el blog. Si te interesa, en el lateral tienes el botón de donaciones por si quieres aportar tu granito de arena.

Y por último voy a ponerme serio: Lo que sí voy a pediros es que le deis a los botones de Twitter, Facebook, Google+, etc. para difundir este artículo entre todos vuestros contactos que puedan estar interesados en descargarse la chuleta. Sé que no me haré rico con las donaciones, pero al menos conseguiremos entre todos difundir la chuleta lo máximo posible y me sentiré enormemente satisfecho si a alguien le resulta útil para iniciarse en el mundo de la bolsa y le ayuda a aprender análisis técnico y a ganar dinero. Espero que os sea de utilidad. Y por supuesto, estaré encantado de recibir vuestras sugerencias y comentarios para poder ir mejorando la chuleta y subsanar fallos o errores. Un saludo a todos.




¿Hacemos EbookCrossing de libros de economía?

Si te gusta leer y aprender tanto como a mí, te invito a hacer ebookcrossing con tus libros electrónicos de bolsa, economía, análisis técnico, etc.

Si te gusta leer y aprender tanto como a mí, te invito a hacer ebookcrossing con tus libros electrónicos de bolsa, economía, análisis técnico, etc.

Nunca me ha importado reconocer que soy un fanático de la lectura. Me encanta leer, me apasiona. Siempre he dicho que es una pena que se acabe un libro, sobre todo cuando me ha gustado porque hubiera preferido que tuviera algunas páginas más para seguir devorándolo. Pero todo lo bueno se acaba.

Lo malo de los libros es que, cuando los acabas, lo normal es dejarlos tirados en una estantería para que vayan criando polvo. Algunos, los redescubres años después mientras haces limpieza y vuelves a leerlos, pero por regla general, una vez leídos pierden nuestro interés. Es como si los abandonáramos en alguna estantería o alguna caja para que fueran muriéndose poco a poco.

Afortunadamente a alguien se le ocurrió dar una nueva vida a los libros. Es tan sencillo como, en lugar de dejar el libro en una estantería, dejarlo abandonado en una parada de autobús, en un bar o en el metro. Seguro que alguien lo descubre y, si es aficionado a la lectura, se lo llevará a casa para leerlo y, posiblemente, disfrutará tanto o más que tú cuando lo leíste.

Los “libros libres” es una de las principales máximas que defiende el BookCrossing, una gran comunidad de lectura que apuesta por los conocimientos compartidos y por el intercambio cultural, sin importar el tiempo ni el espacio que pueda existir entre sus miles de usuarios.

Pero, ¿en qué consiste exactamente esta iniciativa? El BookCrossing hace referencia al acto de liberar un libro una vez se haya leído, otorgándole así una nueva vida. Con este movimiento se acaban los libros polvorientos y olvidados en las estanterías. Y es que un libro está para leerlo, y cuantas más personas puedan beneficiarse de él, más tiempo de vida tendrá esa obra.

Si te interesa a iniciativa, tienes más información en http://www.bookcrossing.com/

Por mi parte, hace tiempo dejé de comprar libros en papel, no porque no me gusten, sino por problemas de espacio. Mi mujer me regaló un lector de libros electrónicos y, aunque al principio no me llamó mucho la atención, le fui cogiendo cariño y empecé a descubrir las ventajas de los libros electrónicos.

Por citar ejemplos, no ocupan espacio físico (en una tarjeta de memoria te caben miles de ellos), prácticamente llevas toda tu biblioteca en el lector de libros electrónicos. Si te cansas de leer un libro por el motivo que sea, puedes dejarlo y ponerte a leer otro libro para descansar y volver con renovadas energías a la página donde dejaste el libro anterior, etc. Además, y esto es importante, los libros electrónicos suelen ser más baratos porque las editoriales se ahorran la impresión, la distribución, etc.

Cuesta acostumbrarse a los libros electrónicos, pero una vez que lo haces te olvidas de los libros en papel y por eso nunca le agradeceré suficientemente a mi mujer haberme abierto los ojos a los libros electrónicos.

Volviendo al tema del BookCrossing y relacionándolo con los libros electrónicos se me ha ocurrido… ¿Porqué no crear algo llamado EbookCrossing? Si un libro en papel se puede dejar abandonado, ¿por qué no se puede hacer lo mismo con un libro electrónico, sea un PDF, un EPUB o un simple archivo DOC?. Obviamente, como es un producto virtual, habría que enviarlo por correo electrónico o dejarlo colgado en Internet con algún sistema que permita su borrado una vez descargado u otro sistema similar.

Soy plenamente consciente que las editoriales se pondrán de uñas si leen esto. Pensarán automáticamente que van a perder ventas porque un ebook que yo libero y recoge otra persona es un ebook que dicha editorial deja de vender. Puede ser que pierdan ventas por un lado, pero por otro lado las ganarán. Voy a poner un ejemplo. Un amigo me prestó un par de ebooks de un autor que no conocía y me gustaron tanto que no perdí ni diez minutos en ir a comprar otros libros de dicho autor porque me había gustado mucho. Si mi amigo no me hubiera prestado sus eBooks, nunca hubiera conocido al autor y nunca hubiera comprado otros libros y la editorial que los vendía jamás hubiera ganado dinero conmigo.

Yo creo que el BookCrossing es bueno para las editoriales, pero también es verdad que las editoriales tienen que cambiar sus modelos de negocio. No pueden pretender ganar el mismo dinero con un libro virtual que con un libro impreso que conlleva muchos más gastos. No pueden pretender llevarse la parte del león mientras el autor se lleva a lo sumo un 5% del precio de venta del libro. No pueden pretender seguir cobrando lo mismo cuando eliminan a impresores, a distribuidores, etc. Pero bueno, eso es problema de las editoriales, no mío.

Si yo he comprado un libro electrónico, es MIO, ha dejado de ser SUYO. Puedo hacer con él lo que quiera. Puedo prestárselo a un amigo, puedo regalarlo o puedo hacer lo que quiera porque es un libro de mi propiedad. Incluso podría venderlo a un precio más barato que lo que me costó porque no olvidemos que es un ebook “usado”.

Una vez dejada clara mi postura, se me ha ocurrido llevar la idea del EbookCrossing un paso más allá. Tengo algunos libros de bolsa, de economía, de análisis técnico, etc. que ya he leído y que me gustaría intercambiar por otros de temática similar.

Si nos reunimos diez personas e intercambiamos todos nuestros eBooks de economía sería como tener los libros de todos nosotros a disposición de todos los demás, con lo que tendríamos acceso a una gran biblioteca de eBooks de bolsa y economía totalmente gratis. Organizando algo similar a un club de intercambio de eBooks incluso podríamos pagar entre todos otros libros que nos apeteciera leer y luego írnoslos pasando de mano en mano a medida que los vamos leyendo.

Quede claro que no hablo de piratería. Hablo de intercambiar libros electrónicos que son de nuestra propiedad. Yo te envío el mío y tú me envías el tuyo y una vez que nos hemos asegurado que han llegado a nuestras manos borramos los eBooks que hemos enviado como intercambio. Así nadie nos podrá acusar de piratería.

No sé muy bien como organizar este club de intercambio de libros así que los interesados en la iniciativa podéis dejar vuestros comentarios e ideas para ver como nos organizamos y seguro que, entre todos, podemos leer un buen montón de libros que nos permitan seguir aprendiendo cosas interesantes para nuestras inversiones.




Tiempo de cambios

La globalización está modificando a pasos agigantados las inversiones y hasta nos obligará a replantearnos la fiabilidad del análisis técnico y fundamental.

La globalización está modificando a pasos agigantados las inversiones y hasta nos obligará a replantearnos la fiabilidad del análisis técnico y fundamental.

Keynes dijo en una ocasión que el mercado puede mantenerse durante más tiempo irracional que tú solvente. Más que una afirmación puntual en un momento dado, yo la considero una afirmación que nos presentaba el futuro que nos está tocando vivir.

Los inversionistas están cambiando. Si hacemos una gran generalización y miramos al pasado, veremos la evolución de los inversores. Nuestros tatarabuelos ahorraban bajo el colchón y, algunos visionarios, comerciaban o creaban empresas e invertían para multiplicar sus ahorros. Nuestros abuelos solían ir al banco a que les recomendaran qué acciones comprar o en que productos invertir. Algunos de nuestros padres empezaron a mirar mal a los bancos y empezaron a aprender a invertir tomando decisiones por si mismos. Nosotros, en la actualidad, tenemos acceso a tecnologías jamás soñadas por nuestros antepasados como poder operar por Internet, trading automático, información económica globalizada prácticamente al minuto, productos de inversión de lo más complejo y variado, etc.

Si pudiéramos viajar en el tiempo al pasado, con las herramientas actuales, sin duda alguna podríamos batir con pasmosa facilidad al mercado y daría igual que operáramos intradía, a medio o largo plazo.

Lamentablemente, todos estos cambios, que nos habrían hecho ricos en el pasado, están creando justo lo contrario. Cada vez nos cuesta más estar al día, cada vez operar en bolsa se hace más difícil y tenemos menos control. El análisis técnico, por mucho que les duela a muchos, cada vez es menos fiable, precisamente porque la psicología de las multitudes y el efecto rebaño también están cambiando a pasos agigantados.

De todos es sabido que las multitudes no razonan ni actúan como los individuos que las forman. Un grupo formado en su mayor parte por gente que normalmente y por sí misma jamás se creería capaz de manejar su cartera de forma irracional, puede llegar a actuar de tal manera cuando los dos principales sentimientos, el miedo a perder (pesimismo) y la avaricia por ganar (optimismo) se apodera de los individuos.

Un individuo que se vea expuesto a un grupo de agentes que siguen un comportamiento de rebaño que no responde a variables objetivas, que actúan irracionalmente, puede actuar racionalmente uniéndose al grupo. El comportamiento del individuo y su respuesta serán perfectamente racionales, aunque la decisión del grupo sea irracional.

El comportamiento de rebaño, o de imitación de la “masa”, de la multitud, es particularmente importante en las burbujas económicas y, en particular, en las crisis financieras. Los comportamientos siempre suelen ser similares, se olvidan las pasadas burbujas y la euforia acaba llegando al mercado, subiendo los precios en un efecto de imitación, perdiéndose la razón. Cuando se recupera ya es tarde, la burbuja ya ha saltado y todo el mundo quiere vender, también por imitación, ampliándose el movimiento.

Antes, hace años ya, era importante saber cuál era y cómo valorar el sentimiento de la masa. Como sabemos, se trataba del nivel de optimismo o pesimismo que existía en el mercado (o en un valor, o sector concreto) en un momento determinado y, en ocasiones, incluso era bueno considerar el método de opinión contraria para invertir.

Antes, teníamos una certeza casi absoluta de que, cuando el sentimiento alcanzara un nivel extremo, ya sea de optimismo o pesimismo, era muy probable que se produjera un giro en el mercado. Cuando el nivel de optimistas alcanzaba un nivel extremadamente alto, solía producirse en un plazo corto de tiempo, un techo en las cotizaciones. Cuando el nivel de pesimistas alcanzaba un nivel extremo, solía indicarnos la proximidad de un suelo.

El motivo era simple, cuando había demasiado optimismo nos indicaba que, probablemente, mucha gente ya había comprado y, por lo tanto, quedaba poco dinero disponible para comprar. Cuando el dinero se agotaba el mercado caía por su propio peso y por la pura ley de oferta y demanda.

Contrariamente, cuando demasiados inversores estaban bajistas era porque probablemente ya habían vendido y cuando se agotaban los vendedores estábamos cerca de un suelo de mercado, nuevamente por la lógica ley de la oferta y la demanda.

Antes, era muy importante conocer el estado de la “masa”. Era imprescindible conocer cual sería el comportamiento de la masa, del mercado, de la multitud que movía los precios.

Si la masa se movía al alza, el precio subiría, pero a veces la masa se daba la vuelta y no le importaba lo que dijeran los profesionales, atrapando a los inversores individuales más incautos.

La masa siempre ha sido como un banco de peces que se mueven todos juntos en una sola dirección. Pero de repente, cuando menos se espera y muchas veces sin razón aparente, giran todos a una gran velocidad. Si nosotros somos el último pez que sigue a la masa, asumiendo que el resto de peces saben hacia dónde está bien dirigirse en cada momento, llegaremos siempre tarde en cada giro y estaremos vendiendo cuando hay que comprar y comprando cuando hay que vender.

El gran problema es que la “masa” cada vez es más grande y más incontrolable. Antes, cuando no había ordenadores, los mercados se movían por lo que sucedía en los parqués. La “masa” estaba constituida por las personas que cabían en el parqué y si la mayoría vendía, se producía el contagio y todos vendían. Si la mayoría compraba, todos compraban.

Luego, con la llegada de los primeros ordenadores y la prensa económica cada vez más al alcance de la gente, la llamada “masa” dejó de circunscribirse a los parqués y se amplió a la gente que cabía en un país. Empezaba la era de las ordenes de compra-venta por Internet, la gente tenía más información, las noticias no tardaban días en llegar como antes y los rumores circulaban cada vez más rápido.

Pero hoy en día, con la globalización y los grandísimos avances técnicos, puede decirse que la “masa” ha alcanzado una magnitud mundial. Todos podemos invertir con un ordenador y una conexión a Internet. El problema es que la masa antes era predecible, era como un banco de peces que se movía en una sola dirección. Hoy en día el banco de peces es tan enorme que no es raro que de repente el banco se mueva en todas direcciones. Es como si el banco de peces hubiera dejado de ser algo colectivo y se rigiera por un “sálvese quien pueda”.

Indudablemente la masa se moverá en dos o tres direcciones principales que serán las buenas, pero parte de la masa se moverá en las direcciones equivocadas y quedarán frente a las bocas de los grandes depredadores.

Hoy en día, al contrario que ocurría antes, existe una grandísima correlación entre los mercados internacionales. La correlación que existe entre unas y otras bolsas es una variable muy importante en el precio de una acción. Cada año se incrementa gracias a la globalización de la economía mundial de tal manera que un inversor no puede mirar únicamente lo que sucede en su entorno sino que tiene que estar muy atentos a la evolución de otros mercados.

Antes del crash de octubre de 1987, la correlación entre las bolsas era muy pequeña y, desde entonces, se ha ido incrementando hasta los momentos actuales, en los que hechos como la unificación monetaria europea han conseguido que los mercados europeos se muevan casi al unísono con el mercado americano.

Ya no es posible hablar de diversificación centrándonos exclusivamente en un solo país. La correcta diversificación de una cartera de valores sólo se conseguirá acudiendo a mercados poco correlacionados con Europa o EE.UU. como son los asiáticos o los latinoamericanos e incluyendo otros tipos de activos (renta fija gubernamental, corporativa, gestión alternativa, derivados, etc.).

La misma eficiencia de los mercados financieros globales, engendrada por la rápida proliferación de los productos financieros, también tiene la capacidad de trasmitir errores o crisis a un ritmo muy rápido a través del sistema financiero, en formas que fueron desconocidas hace una generación, y no imaginadas ni remotamente en el siglo XIX.

La tecnología actual permite a un solo individuo iniciar transacciones masivas con una ejecución muy rápida. No sólo se ha incrementado la productividad de las finanzas globales, sino que también, obviamente, la habilidad de generar pérdidas ha crecido a una tasa previamente inconcebible.

La globalización económica y financiera también ha terminado afectando a las empresas, obligándolas a grandes y profundos cambios en todos los aspectos imaginados y por imaginar.

La globalidad económica y financiera les brinda a las empresas la oportunidad de diversificar su actividad en otros mercados, sobre todo en emergentes (por su capacidad de crecimiento), para garantizar así la extensión del ciclo de vida de sus productos. Este proceso tiene como consecuencia que las cotizaciones de las multinacionales que desarrollan una parte significativa en otros países, no dependan sólo de la evolución de las variables macroeconómicas de su mercado local, y dependan cada vez más de un índice globalizado de la economía.

Por ejemplo, en Europa, dependemos del sector Exterior. Las exportaciones representan cerca del 45% o 50% del PIB y los resultados que obtendremos invirtiendo en unos sectores serán sustancialmente distintos a los de otros sectores.

Del mismo modo que están cambiando las bolsas y las empresas, están cambiando los productos y hasta los actores principales de la actividad financiera mundial. Cada vez hay más información disponible en los medios de comunicación y muy especialmente en Internet. Todo esto ha estimulado la aparición de nuevos inversores de los llamados modestos: miles y miles de ciudadanos que invierten en bolsa sus ahorros y que manejan información antes sólo accesible a los profesionales. Finalmente, los sistemas de inversión permiten establecer alarmas. Es decir, los programas avisan al usuario en el momento en que las acciones de una empresa pasan de un determinado precio, para que éste pueda reaccionar comprando o vendiendo.

Incluso hay herramientas para aprender hoy en día. Antes la única posibilidad era aprender con lápiz y papel y, muchas veces, se cometían errores de todo tipo como no tener en cuenta las comisiones, los deslizamientos de precios, etc. Actualmente, si buscas aprender a operar en bolsa o de momento no tienes dinero para comprar acciones, o prefieres no arriesgarlo, igualmente puedes convertirte en un “inversor virtual” con los simuladores de bolsa. Es tan sencillo como apuntarse en cualquiera de los simuladores y te dan dinero imaginario para comprar y vender acciones u otros productos. El resto dependerá de tu habilidad, pero para aprender es un sistema sensacional que ya hubieron querido poder disfrutar nuestros abuelos e incluso nuestros padres.

Llegados a este punto, podemos preguntarnos: ¿están cambiando las normas de análisis técnico?

Esta es una pregunta de difícil respuesta. Los defensores del análisis técnico dirán que no ha habido cambios en el análisis técnico y que sigue siendo muy fiable. Yo no estoy de acuerdo y pienso que el análisis técnico está dejando de ser tan efectivo y tan infalible como podía serlo antes.

Siempre he mantenido que el análisis técnico cada vez es más popular. Antes, cuando no había Internet, teníamos que comprar libros, en inglés u otros idiomas que entendíamos más bien poco, para aprender análisis técnico. Hoy en día, con Internet, no sólo podemos descargarnos cualquier libro de análisis técnico en español, sino que además miles de páginas nos explican como realizar análisis técnico. Cada vez hay más gente que sabe lo mismo, que pone los stop-loss en los mismos sitios, que compran cuando se supera una resistencia o rebota en un soporte y que venden cuando se perfora el soporte. Si todos sabemos lo mismo, ¿no es lógico que ninguno seamos millonario? Todos hacemos lo mismo, todos operamos igual poco más o menos. ¿Qué ventaja nos da el análisis técnico frente a los demás? La respuesta es: ninguna ventaja, y, encima, llegan los listos que hacen justo lo contrario y nos despluman.

Las normas de análisis técnico fueron definidas en una época en la que había una clara correlación entre los mercados y la psicología de las masas y, además, las masas sabían más bien poco de análisis técnico. Actualmente todos disfrutamos de ordenadores, aunque unos pocos disponen de superordenadores programados para tener en cuenta cien mil variables a la vez si es necesario. Dicho de otro modo, aunque tenemos ordenadores que nos facilitan la inversión, en el fondo la masa sigue usando utilitarios frente a los bólidos de carreras que utilizan los peces gordos del mercado con esos superordenadores que permiten trading de alta frecuencia, que contemplan todo tipo de variables, etc.

Con dichos superordenadores no es nada complicado para los grandes inversores generar pautas de precios en las cotizaciones que permitan, ante la esperanza de beneficios que pudieran crear en el gran público (que sería la parte psicológica), ir a su vez generando mediante técnicas masivas de escalping computerizado, las operaciones contrarias a las que se podría esperar de dichas pautas (que sería la parte automática), y en instantes de tiempo tan cortos que anularan la reacción de las gacelas, dejándonos pillados a todos los inversores.

Si lo piensas fríamente, entre que tú pones tu orden en el mercado de forma manual, hasta que la retiras en la misma forma, un superordenador puede generar tal montón de operaciones, que cuando quieres reaccionar te has arruinado.

Visto lo visto, dan igual tus valoraciones, tus estrategias y todo lo que quieras pensar, lo único rentable en un 99% de los casos es replicar a los peces gordos. Pero claro, si fuera tan fácil saber lo que hacen y por qué, dejaría de ser rentable replicarlos.

Piensa que, además de mil datos a los que tú no tendrás acceso en tu vida, esos superordenadores extraen información de sitios como, por ejemplo, las redes sociales y obtienen valiosos datos sobre los sentimientos de los mercados, valoración de las empresas, etc.

¿No te ha pasado nunca que ves como empresas estupendas, sin deuda, con beneficios y dividendos sostenidos y totalmente seguras no dejan de bajar cuando el análisis fundamental y técnico indican todo lo contrario?

Eso ocurre porque los superordenadores escanean las redes sociales y analizan el sentimiento del mercado. A veces acciones muy buenas les caen gordas a la gente por cualquier motivo y los superordenadores dan orden de ponerse cortos porque saben que la gente no se va a lanzar a comprar esas acciones sino todo lo contrario. Luego, el día que la gente cambia de opinión y empieza a caerles bien esa acción a mucha gente, los grandes inversores ya llevan tiempo comprando para acumular todo lo posible y vendérselas a los pardillos que buscan información en las redes sociales.

Mi opinión es que a muy grandes rasgos siempre funcionará el análisis técnico, ya que siempre habrá tendencias pero cada vez habrá que utilizar el análisis técnico con mayor prudencia y tiento. Otra cosa que ha cambiado, a parte de la introducción de sistemas automáticos de trading, es que cada vez hay menos inversores de largo plazo en comparación a inversores de intradía y corto plazo. El inversor cada vez es más impaciente y reduce su horizonte temporal aumentando su apalancamiento. Eso favorece los bandazos y las tendencias más abruptas y menos suaves y por eso la volatilidad cada vez es más acusada en los mercados.

La mejor prueba quizá podemos encontrarla en lo difícil que se está haciendo colocar los stop-loss para que no nos los barran. Anteriormente el análisis técnico te indicaba muy claramente donde colocar el stop-loss (soportes, medias, etc.) pero hoy en día los grandes inversores saben dónde pondrá la gente los stop-loss y se dedican a barrerlos casi por sistema para ir devorando gacelillas despistadas que hacen sus primeros pinitos en bolsa.

Por eso yo cada vez me veo forzado a dar más holgura a los stop-loss para no quedarme fuera y contemplar con cara de idiota como me pierdo todas las ganancias porque previamente me han sacado del mercado barriendo mis stop-loss.

Nos guste o no, el análisis técnico también está evolucionando y llegará un día no muy lejano que falle tanto como una escopeta de feria. Lo único que podemos hacer es ir teniendo en cuenta que vivimos en un tiempo de cambios y que solamente formándonos de manera continuada y siguiendo todo lo que pasa en los mercados podremos sobrevivir. Mi consejo es que reviséis constantemente vuestros sistemas de trading y los vayáis reciclando y readaptando a los cambiantes mercados.

Cada vez más, la tendencia es nuestra amiga, pero no la tendencia de un índice o de una acción determinada (como ocurría antes), sino la tendencia global de los mercados. Sigue al mercado si no quieres morir en el intento. Reinvéntate día a día o sucumbirás.




Emociones, psicología y bolsa

En clave de humor, el gráfico nos muestra todos los errores psicológicos y emocionales que cometerá un inversor poco afortunado.

En clave de humor, el gráfico nos muestra todos los errores psicológicos y emocionales que cometerá un inversor poco afortunado.

No puedo empezar este artículo sin poner como ejemplo un gráfico humorístico que me hizo llorar literalmente de risa la primera vez que lo miré. El gráfico muestra claramente el comportamiento de un inversor poco exitoso, afectado por las emociones en sus decisiones de inversión y atrapado por todas las trampas psicológicas que el mercado va poniendo en nuestro camino.

Me hubiera encantado citar al autor original de dicho gráfico pero, por mucho que he investigado, no he sido capaz de dar con la fuente original. Eso, unido a que lo he visto en distintos idiomas, con leves modificaciones, etc. hace muy difícil saber quién fue su inventor. Si alguien conoce al autor estaré encantado que me lo hagáis saber para citarlo porque no tiene desperdicio el gráfico.

Me gustó tanto que me dí el placer de maquetarlo a tamaño A4 para poder imprimirlo y colgarlo de forma que me recuerde día a día los errores en los que no debo caer. Si alguien quiere imprimírselo, al final del artículo os doy la oportunidad de descargarlo en PDF.

Hoy voy a hablar de la grandísima y enorme influencia que pueden llegar a tener las emociones y la psicología en nuestras inversiones bursátiles.

El primer gran error de muchos inversores es el de no seguir las tendencias. En bolsa debemos valorar nuestras apuestas considerando los movimientos del resto de inversores, porque nada garantiza que las mejores acciones (por sus fundamentales) sean las más rápidas en revalorizarse. Solamente ganaremos dinero si seguimos las tendencias o adivinamos qué acciones cree el resto de la gente que van a subir, poniéndonos en el lugar de todos los demás a la vez.

Diversas teorías han demostrado la existencia de factores psicológicos que influyen en el comportamiento del inversor, generando burbujas especulativas o grandes crisis de pánico en los mercados, avalando la teoría de que ni los inversores individuales, ni los mercados son completamente racionales.

Siempre me ha llamado la atención que los inversores prefieren evitar las pérdidas en lugar de generar ganancias adicionales. Dicho de otra forma: les duele más una pérdida que un beneficio equivalente. Así, un individuo prefiere no perder 100 euros antes que ganar 100 euros, lo cual supone una asimetría en la toma de decisiones.

En materia de ganancias, somos adversos al riesgo, preferimos “pájaro en mano que ciento volando”, mientras que, por el contrario, en materia de pérdidas estamos dispuestos a asumir más riesgos con el propósito de evitar las pérdidas, y nos decimos “de perdidos al río”.

Los inversores se muestran más inclinados en reafirmar su compromiso hacia una decisión de inversión si están en pérdidas, dado el dinero ya invertido. Los inversores tienen una tendencia natural a mantener las acciones en pérdidas y en ocasiones refuerzan la posición equivocada, con la idea de recuperar estas pérdidas si la tendencia cambia al ir bajando el precio medio de compra, incrementándose el riesgo que están asumiendo y aumentando la probabilidad de que las pérdidas se incrementen hasta arruinarle.

Diversos estudios que he encontrado navegando por Internet demuestran los efectos de esa asimétrica aversión al riesgo entre ganancias y pérdidas. Son concluyentes: Se mantienen más tiempo en las carteras las acciones en negativo para no aflorar las pérdidas y se venden demasiado pronto las acciones con ganancias, perdiendo mejores futuros recorridos.

Quizá el meollo de la cuestión esté en que los inversores suelen tomar decisiones en relación a un nivel de referencia erróneo o equivocado. Muchas veces la lógica y las matemáticas nos engañan sin que nos demos cuenta por no perder el tiempo en hacer cálculos. La psicología del inversor tiende a pensar poco y no profundizar en los cálculos.

Voy a poner un ejemplo práctico haciéndote una pregunta: ¿Qué grosor tendría una hoja de papel de 0,1 milímetros que hubiéramos conseguido doblar 100 veces?

Una inmensa cantidad de personas sólo se fijan en el minúsculo tamaño del papel y la lógica les dice que poco puede medir un papel tan fino por mucho que lo doblemos. Muchos responderán: ¿un centímetro? ¿diez centímetros?

La mayoría de la gente subestima el poder del crecimiento exponencial: en general comienzan estimando el grosor del papel doblándolo unas cuantas veces y partiendo de ese nivel de referencia, extrapolan ese número multiplicándolo por un factor que subestimará el resultado.

La respuesta dejará alucinado a más de uno: 0,1 mm x 2^100  nos da una distancia de, aproximadamente, 845 mil millones la distancia de la tierra al sol.

Está demostrado que los inversores suelen tomar sus decisiones en relación a un “nivel de referencia” arbitrario, estimando y percibiendo las ganancias o pérdidas respecto a dicho punto de partida. Adicionalmente, este nivel de referencia que determina la percepción de las ganancias o pérdidas varía en el tiempo en función de la evolución en el mercado.

Por ejemplo, los inversores que compraron BBVA a 10 euros en 2005 y han visto como la acción llegó a valer por encima de 15 euros en el 2007, cuando tras la crisis bajó por debajo de 5 euros, “sufren mentalmente” una pérdida del 300%, en lugar del 20% real.

El exceso de confianza es otro de los talones de Aquiles del inversor. Los inversores tienen demasiada confianza en sus propios juicios y tienden a exagerar sus capacidades y esperar que el resultado derivado de sus actuaciones será positivo, lo que les lleva a tener una mayor confianza en su propia percepción de la realidad que en el funcionamiento real de los mercados y les lleva a errores en sus estimaciones de probabilidades.

Otro gran error de los inversores es la forma de plantearse las inversiones, lo que se conoce como “sesgos de planteamiento”. Voy a poner otro ejemplo: Se sometió a dos grupos de médicos a una prueba sobre el papel para que recomendaran, o no, una operación delicada a un paciente.

A una mitad de ellos se les preguntó: ¿Recomendaría una operación que en los cinco años siguientes ofreciera una tasa de mortalidad del 7%? La mayoría dudaron en recomendarla.

A la otra mitad se les preguntó: ¿Recomendaría una operación que ofreciera en los próximos cinco años una tasa de supervivencia del 93%? La mayoría se mostraron inclinados a recomendarla.

¿Acaso las dos preguntas no son equivalentes? ¿Qué les diferencia? Obviamente, los porcentajes nos ciegan y 93% parece mucho mejor que 7% cuando en el fondo la pregunta es igual pero expresada de forma diferente. La realidad está en ver que 93% +7 % = 100%, pero si nos ocultan una cantidad, dependiendo de cómo nos hagan la pregunta, puede parecer bueno o malo.

Otro problema muy común en los inversores es el exceso de optimismo. Los inversores creen que los activos financieros en los que están invirtiendo, y precisamente esos, van a ser los que mejor se comporten en las bolsas, y que la tendencia siempre será alcista tras haber comprado ellos. Su optimismo produce una sobreestimación del beneficio a generar con cualquier decisión de inversión y ello les afecta con respecto a mantener posiciones en el mercado ante la expectativa de mejora continua aunque haya cambiado la tendencia del mercado.

El exceso de confianza, unido a una perseverancia en sus creencias, puede convertirse en un coctel explosivo que les lleve a la ruina. Los inversores una vez que toman una decisión son reacios a cambiarla, ya que desconfían de los nuevos datos, otorgándoles un peso más pequeño en sus procesos de decisión que el peso otorgado a las primeras observaciones. De hecho, incluso llegan a interpretar cualquier información adicional de tal modo, que confirme sus expectativas. Tan sólo escuchan aquellas opiniones que reafirmen sus decisiones, las demás opiniones son descartadas automáticamente sin analizar si se oculta algo de razón en ellas.

Otro gran error suele ocurrir cuando los inversores se “enamoran” de un determinado valor, es decir, que mantienen la inversión simplemente porque la venta implicaría un cambio, una nueva decisión de inversión. Prefieren mantener la inversión porque se encuentran más a gusto con valores que ya conocen, porque les resultan más “familiares o cercanos”.

Otros inversores atribuyen una probabilidad mayor que la real a sucesos poco comunes o casuales si han ocurrido recientemente. De este modo, muchos inversores particulares invierten basando sus decisiones en la evolución pasada. Compran la acción que se comportó positivamente en los últimos años y reniegan de los valores que peor comportamiento tuvieron.

Está comprobado que, tanto en acciones como en fondos de inversión, hay entradas de dinero muy fuertes en las acciones y fondos que mejor comportamiento tuvieron el año anterior. Se olvida eso de “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras” cuando la realidad es que hay una alta probabilidad de que los tipos de activos que peor comportamiento tuvieron un año, deparen mejores rentabilidades al ejercicio siguiente.

Por último está la psicología de las multitudes y el efecto rebaño. Las multitudes no razonan ni actúan como los individuos que las forman. Un grupo formado en su mayor parte por gente que normalmente y por sí misma jamás se creería capaz de manejar su cartera de forma irracional, puede llegar a actuar de tal manera cuando los dos principales sentimientos, el miedo a perder (pesimismo) y la avaricia por ganar (optimismo) se apodera de los individuos.

Un individuo que se vea expuesto a un grupo de agentes que siguen un comportamiento de rebaño que no responde a variables objetivas, que actúan irracionalmente, puede actuar racionalmente uniéndose al grupo. El comportamiento del individuo y su respuesta serán perfectamente racionales, aunque la decisión del grupo sea irracional.

El comportamiento de rebaño, o de imitación de la “masa”, de la multitud, es particularmente importante en las burbujas económicas y, en particular, en las crisis financieras. Los comportamientos suelen ser similares. Siempre se olvidan las pasadas burbujas y la euforia acaba llegando al mercado, subiendo los precios en un efecto de imitación, perdiéndose la razón. Cuando se recupera ya es tarde, la burbuja ya ha saltado y todo el mundo quiere vender, también por imitación, ampliándose el movimiento.

Espero que, a partir de ahora, antes de invertir te preguntes si estás controlando tus emociones y si estás cayendo en alguna trampa psicológica de esas que son el padre nuestro de cada día en los mercados bursátiles.

Yo intento recordármelo todos los días mirando el gráfico que te ponía al principio, que tengo impreso y colgado junto a la pantalla del ordenador.

Si lo quieres, lo único que tienes que hacer es descargarte el PDF para imprimirlo. Espero que te resulte de utilidad recordar el gráfico en tus futuras inversiones.