¿Es tan buena idea erradicar el dinero en efectivo o sólo se trata de una idea que acabará aterrándonos por su perversidad?

El efectivo, en la cuerda floja

Supongo que todos os habréis dado cuenta de la intención de la mayoría de los países de acabar erradicando el dinero físico o en efectivo de nuestras vidas.

Tenemos montones de pistas por todos lados: se está potenciando el comercio electrónico, se pretende incrementar el número de compras por tarjeta o por móvil, algunos países prácticamente ya no usan las monedas de 1 y 2 céntimos, otros países también han anunciado un endurecimiento del uso de efectivo y, así, un largo etcétera.

Por poner algunos ejemplos, en el caso de Francia, los pagos con dinero en metálico se limitarán a mil euros y los bancos deberán informar a las autoridades de todas las transferencias que superen los 10.000 euros dentro de la UE.

En España, el Gobierno aprobó el año pasado la Ley de Lucha contra el Fraude, que prohíbe los pagos en efectivo por más de 2.500 euros (15.000 si el pagador es un particular no residente) y sanciones del 25% para quienes no cumplan.

Las medidas antifraude en Grecia son aún más drásticas, movidas por la salida de capitales derivada de la crisis que vive el país, todos los pagos que superen los 70 euros deberán realizarse con cheques o con tarjetas de crédito.

En 2012 Suecia evaluó la posibilidad de eliminar por completo el dinero físico para sustituirlo por dinero digital: tarjetas de crédito, medios de pago a través de Internet y teléfonos móviles.

Recientemente nos ha llegado la noticia de que Dinamarca quiere “prohibir” el dinero físico: no se podrá pagar en efectivo ropa, comida ni gasolina.

El gobierno español, por su parte, también ha incluido un nuevo límite a las comisiones que los comercios pagan por los pagos que los clientes hacen con tarjeta de crédito. A los límites generales, anunciados anteriormente —del 0,3% en las compras con tarjeta de crédito y del 0,2% en las de débito— añade ahora otro tope a las compras de menos de 20 euros: serán más bajas, del 0,2% para las tarjetas de crédito y del 0,1% para las de débito. Además, en todos los casos, sea cual sea el importe de la venta, para las de débito la comisión no podrá superar los siete céntimos. La rebaja de comisiones persigue impulsar los pagos electrónicos en comercios tales como bares o quioscos, que suelen evitan aceptar dinero de plástico porque los importes reducidos que la gente les compra no compensan por las comisiones que les cargan las tarjetas o los bancos. El objetivo, según señaló el Ministerio de Economía, es ajustar la normativa española en materia de pagos electrónicos a las exigencias que la Unión Europea impondrá a partir de 2016.

¿El motivo de todo esto?

Está claro. No es que les apetezca especialmente potenciar el comercio electrónico, lo que realmente quieren es eliminar el dinero físico en efectivo y, de esa forma tener controladas todas las transacciones económicas y, así, poder saber si los impuestos que pagamos se corresponden con los ingresos.

Según los gobiernos se obtienen un montón de ventajas, pero lo cierto es que, una idea en principio brillante podría convertirse en perversa como explicaré más adelante.

Argumentos a favor

Los argumentos a favor de esta idea serían:

- se acabaría con los robos y los atracos.

- se eliminaría el dinero negro y, por lo tanto, se acabaría con el blanqueo de dinero.

- se eliminaría la evasión de capitales.

- se erradicarían los sobornos y las mordidas.

En definitiva, eliminar el dinero físico sería un golpe tremendamente contundente contra la delincuencia y el crimen organizado; hasta ahí nada que objetar sino todo lo contrario. Pero… siempre hay “peros”.

Argumentos en contra

En contrapartida nacería el mayor Gran Hermano que jamás habría imaginado el ser humano, ni siquiera El Show de Truman se acercaría a la nueva realidad. Alguien podría pulsar por error, por orden, por negligencia o porque sí el botón de “no pagar” o “no abonar” y en su lugar el de “cargar en cuenta”, “embargar cuenta” o cosas peores inimaginables. Al hacer desaparecer el dinero físico, los estados, además de acabar instantáneamente con los trapicheos, podrían decidir hasta quién vive y quién muere; sin duda una terrible perversidad con una buena idea de fondo justificada.

Las políticas monetarias de los bancos centrales controlarían por completo la masa monetaria, un sueño de los gobiernos hecho realidad. La fiscalidad de todos los productos y su seguimiento serían exhaustivos, no se escaparía nada, ni nadie.

Habría que reinventar la corrupción tal y como la conocemos pero esa perversidad podría incluso ser un relevo mucho peor.

También hay que tener en cuenta que los nuevos sistemas dependen de la tecnología en gran medida, en concreto del acceso a Internet o de una línea telefónica. Una avería supondría que no existiría ninguna forma de pagar en las tiendas. No son casos frecuentes, pero todos hemos visto alguna vez un establecimiento con un cartel que avisa de que no aceptan tarjetas temporalmente por dificultades técnicas. Al final, pueden vivirse situaciones molestas por culpa de esto.

La eliminación del efectivo no es tan sencilla ni está exenta de riesgos. De hecho, el fraude electrónico se ha duplicado en el último año y los expertos auguran que habrá un crecimiento importante del crimen cibernético, un delito mucho más sofisticado y global que los tradicionales atracos.

Si esta medida se pone en marcha de una forma tan radical como parece, surge un nuevo riesgo: que cualquier incidencia en las comunicaciones o la pérdida del móvil nos dejen literalmente en la calle. Por no hablar de cómo sería la vida para los habitantes de pequeñas poblaciones, lugares montañosos y colectivos que no tienen ADSL o fibra óptica en el centro de sus vidas.

Por poner un ejemplo, tenemos el hipotético caso de las tormentas solares. Si se produjera una erupción solar en el momento justo y en el ángulo correcto, podría dar lugar a un pulso electromagnético que paralizaría nuestra sociedad al completo. Imagina lo que podría pasar si, en algún momento, nuestras computadoras, nuestros teléfonos celulares y nuestros equipos electrónicos quedaran fritos. ¿Cómo demostrar cuanto dinero electrónico teníamos antes de la tragedia? ¿Cómo pagar si no funciona ningún sistema?

El caso de Dinamarca

Dinamarca lleva varios años cercando el efectivo. El Banco Central del país ya abandonó la producción de monedas y billetes. En otros países escandinavos como Suecia los monederos cada vez son menos frecuentes y también han estudiado suprimir el dinero físico. El pago en efectivo apenas supone un 25% de las operaciones en Dinamarca y las transacciones con móvil están generalizadas.

El objetivo es eliminar los considerables costes administrativos y financieros que implica el manejo del dinero físico. Un estudio de la consultora McKinsey señala que entre 2007 y 2012 el coste del dinero físico en la UE fue del 0,45% del PIB, unos 306 euros por familia. La producción y distribución de billetes, los gastos de gestión de bancos y establecimientos así como la economía sumergida que el efectivo favorece, al ser más difícil de rastrear, provocan que los medios electrónicos sean más eficientes.

Lo que es más importante (y esto no lo dice con tanta claridad el gobierno danés) es que esta decisión ayudará a controlar el dinero en circulación, dificultará el blanqueo y pondrá trabas a la actividad de la economía sumergida, que en este país supone alrededor del 15% del PIB.

Dinamarca se ha propuesto ir acabando progresivamente con el pago en efectivo en algunos establecimientos con la excusa de que los comerciantes sean más eficientes. La propuesta parlamentaria, que entrará en vigor a principios de 2016, erradicará el dinero en efectivo en las transacciones en tiendas de ropa, gasolineras y restaurantes.

El objetivo es eliminar costes administrativos y financieros que implica el manejo de directo en efectivo según dicen. Dinamarca se quiere convertir en el primer estado que elimine el dinero en efectivo.

La medida planteada en Dinamarca coincide en el tiempo con la extensión de los pagos por móvil. Según distintos estudios, uno de cada tres daneses utiliza MobilePay, una aplicación para teléfonos inteligentes que permite transferir dinero y hacer pagos en comercios.

Dinamarca es un país donde ya se utilizan mucho las tarjetas de crédito para cualquier compra, no importa lo pequeña que sea ni el tipo de establecimiento (los puestos de comida en la calle las aceptan). La mitad de los pagos se realizan con un sistema propio de tarjetas danés, DanKort, fundado en 1983 y muy barato para los comerciantes; otro 25% con tarjetas de crédito tradicionales y la otra cuarta parte, en efectivo. El pago con dinero electrónico está experimentando un crecimiento notable.

Esta propuesta se apoya en la popularidad de los pagos móviles en algunos países del norte de Europa tales como Dinamarca, Suecia, Noruega, Islandia y Finlandia. Allí se ha extendido en los últimos años la tendencia de abonar incluso las compras más pequeñas -un periódico o un paquete de chicles, por ejemplo –sin usar dinero en efectivo.

La mayoría de los clientes pagan con tarjeta, no importa que sea una compra, un paquete de tabaco o una barra de pan. Desde hace un par de semanas, en una de las cajas disponen además de la posibilidad de pago con el teléfono a través de un sistema llamado MobilePay que consiste en conectarse a la caja a través de Bluetooth, marcar un código y transferir el dinero. Es casi instantáneo y también puede utilizarse entre particulares para enviarse efectivo.

MobilePay, que pertenece a DanksBank, está instalado ya en dos de cada tres terminales. Se usa para compras en pequeños comercios, donaciones o, cada vez más, pagos en administraciones públicas.

Lucha contra el fraude

En España las transacciones con dinero físico suponen un 46% del total, según un estudio de Mastercard. El peso del dinero en negro asciende al 19% de la economía nacional. A pesar de ello, nuestro país también parece haber comenzado a poner coto a la calderilla y al papel moneda. El principal cambio es cultural. Los pagos con tarjeta en tiendas sumaron el año pasado 105.854 millones, máximo histórico. Una cifra que se acerca al dinero retirado en cajeros, 111.404 millones.

La lucha contra la evasión fiscal es una de las razones detrás de esta potenciación de los medios electrónicos. Una de las medidas que introdujo la ley antifraude de 2012 en España fue limitar pagos en efectivo introduciendo un límite de 2.500 euros. Para las tarjetas de crédito, el Gobierno limitó el año pasado las comisiones que cobran los bancos a los comercios a un máximo del 0,3%. Las comisiones por los pagos electrónicos son más bajas que los costes por manejo, gestión y custodia del dinero en efectivo. España, con cerca de 120 transacciones electrónicas per cápita sigue estando algo por debajo de la media de la UE (en torno a 180 transacciones) y aún mueve mucho efectivo.

La propuesta ayudará (y mucho) a facilitar la supervisión y transparencia de las operaciones financieras no sólo en este país. Si prospera la propuesta danesa, los gobiernos saldrán ganando y la banca también, ya que aumentarán sus ingresos por comisiones y ahorrarán en gastos de gestión.

El fin de la privacidad

Una de las principales ventajas de la reducción de los pagos en efectivo sería que representaría un golpe tremendo para el dinero negro. Una de las principales desventajas tiene que ver con la privacidad. Si todos los pagos se efectuasen con tarjeta o a través del teléfono sería posible seguir los pasos, no sólo económicos, sino incluso físicos, de todo comprador. Todos esos datos procesados y cruzados con técnicas de Big Data pueden ofrecer una información gigantesca sobre los hábitos de consumo, pero también vitales, de cualquier ciudadano. Sería necesario buscar soluciones imaginativas como, por ejemplo, tarjetas de prepago, que se cargan con dinero y que, cuando se efectúa una compra, sólo figura el importe cargado, ni la mercancía comprada, ni el lugar, ni la hora.

Se inicia un mundo nuevo

El asunto va aún más allá. El uso de las aplicaciones móviles se ha extendido tanto en el norte de Europa que algunas iglesias y mendigos han empezado a usar lectores de tarjetas para gestionar las limosnas. Pronto las iglesias irán sustituyendo los tradicionales cepillos por sistemas colecta con microchip, pero parece evidente que no van a perder la oportunidad de que cualquiera haga su donativo.

La gente inteligente y con formación financiera buscará refugios para, al menos, una parte de su dinero. Supongo que el bitcoin y otras monedas similares experimentarán un gran auge. También se volverá a invertir en oro, diamantes, piedras y materiales preciosos, etc.

La delincuencia, ni que decir tiene, se reinventará a si misma y el timo de la estampita se convertirá en el timo del microchip y seguro que alguien inventará las lavadoras electrónicas de dinero electrónico.

Se abre todo un nuevo mundo de posibilidades, algunas buenas, pero, otras, realmente aterradoras por su perversidad. ¿No os parece?

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