En el gráfico se muestra el gráfico del IBEX y la curva del estocástico lento correspondiente. Vemos que el estocástico no engaña.

En el gráfico se muestra el gráfico del IBEX y la curva del estocástico lento correspondiente. Vemos que el estocástico no engaña.

A toro pasado es muy fácil analizar las cosas, dirán algunos, pero la verdad es que con un poco de sentido común era fácil predecir que el IBEX tenía que corregir y pegarse el batacazo y además explica la contundencia con que lo está haciendo (que al parecer ha sorprendido a muchos que no esperaban tanta corrección).

Me da pena por todos los que se han quedado pillados en plena euforia veraniega, pero así funcionan los mercados: unos ganan porque otros pierden y viceversa. La gente se ciega y la avaricia rompe el saco, no hay más.

¿Por qué suben y bajan los mercados? Todo suele reducirse, por un lado, al optimismo y pesimismo de los inversores y, por otro, al vértigo y la oportunidad.

La evolución ha sido poco más o menos la siguiente: el 25 de junio el IBEX estaba en 7600 puntos y el estocástico lento se movía por debajo de 20, marcando una clara señal de compra e indicando el cambio de tendencia hacia un impulso alcista.

El sentido común dictaba comprar acciones del IBEX o invertir en un fondo de renta variable que replicara al IBEX. En nada de tiempo el estocástico se plantó en 80 (alrededor del 10 de julio) generando el típico pull-back hasta los 7800 puntos del 17 de julio.

En ese momento puede decirse que empezó la fiesta y el IBEX empezó a subir como un cohete. En esta ocasión el gran problema ha sido que el mes de agosto estaba a la vuelta de la esquina y como en Agosto no suele haber noticias, ni negativas ni positivas, la tendencia alcista se ha desbocado al no encontrar ningún escollo en el camino.

¿Consecuencias? Una subida del 17% en un mes. Encima tuvimos el agravante de que los titulares de los periódicos de economía, en un sensacionalismo malsano, anunciaron a bombo y platillo que la UE ha salido de la recesión.

Mirando el estocástico lento, a partir del 24 de julio superó el nivel de 80 que como sabemos indica sobrecompra y que debiera habernos puesto en modo vigilancia intensiva. El sentido común nos dice que cuando algo está sobrecomprado lo más lógico es que antes o después baje. Cuando se superaron los máximos históricos anuales, la prensa económica lo anunció a bombo y platillo, inflando todavía más la burbuja. En ese momento muchos inversores inexpertos o incautos se lanzaron a comprar lo que fuera. Los periódicos no podían equivocarse al afirmar que nos pondríamos en 9000 o incluso 10000 puntos en cuatro días porque se supone que para eso tienen periodistas de economía que deben saber un montón, ¿no?.

Solamente algunos periodistas honestos avisaron que la sobrecompra era muy alta y que el IBEX tendría que corregir inminentemente para recuperar el resuello y seguir su camino. Si miramos el estocástico lento, la curva se hizo casi horizontal al nivel del 95 o 96, y, además, durante muchos días.

A mí, el sentido común me dijo que eso no podía durar y encima durante tanto tiempo. Además, el IBEX no es traidor, los días 5 y 6 hubo pequeños retrocesos que debieran habernos avisado que el cohete empezaba a perder fuelle. Pero como la inercia es la inercia y el impulso es el impulso, el IBEX continuó subiendo. ¿Nadie se dio cuenta mirando el gráfico del IBEX que la curva de subida se iba redondeando? Sí, los periódicos anunciaron que la UE salía de la recesión casi justo cuando el cohete disparado hacia el cielo estaba a punto de explotar y para vender más periódicos pronosticaban subidas imparables hasta los 9000 o 10.000 puntos en dos o tres semanas.

Yo tuve suerte, lo reconozco, llevaba con la mosca detrás de la oreja desde el pequeño aviso que dio el estocástico lento entre el 5 y 7 de agosto, pero como no había malas noticias seguí mirando subir el cohete intentando predecir cuando explotaría.

El viernes lo vi claro y di orden de vender el fondo de inversión que replica el IBEX y que compre mayoritariamente cuando el estocástico bajó por debajo de 20. Tuve la suerte de vender justo en el máximo, cuando las participaciones de mi fondo alcanzaban su máximo valor. ¿Por qué di la orden precisamente el viernes y no cualquier otro día? Muy sencillo, por la acumulación de varios motivos de sentido común. El Dow Jones llevaba dos días bajando y todos sabemos que cuando américa se constipa, se acatarran el resto de los mercados. El estocástico estaba en 95 y llevaba mucho tiempo anidado allí, indicando una elevadísima sobrecompra. Los bancos estaban subiendo como la espuma como si todo el mundo hubiera olvidado el rescate y los diversos problemas de los bancos. Para terminar de rizar el rizo, la FED iba a publicar las actas de su última reunión la siguiente semana y, digan lo que digan, y pese a que el mercado debiera haber descontado desde hace mucho tiempo el famoso tapering, muchos inversores están ligeramente acojonados preguntándose si la economía podrá sobrevivir por si sola a la retirada de los estímulos de la Q3.

Sabiendo que el cohete estaba a apunto de explotar y con toda esa acumulación de “avisos”, ¿no era lógico vender? Es cosa de sentido común y nada más.

Cuando un cohete sube hacia el cielo, pueden pasar dos cosas: En la mayoría de los casos, cuando el cohete explota, se revientan los sueños de muchísimos inversores que han invertido tarde y mal y no tienen ningún plan de inversión que no sea lo que leen en los periódicos de economía. Cuando el cohete explota, sus sueños de riqueza también explotan y se quedan mirando con cara de tontos la brillante explosión mientras se rascan la cabeza preguntándose que ha pasado. Pero en otros casos, cuando se ha invertido bien y con cabeza, utilizando un sistema por rudimentario que sea como limitarse a “leer” lo que nos dice el estocástico, el estallido es una gozada porque explota llenando el cielo de un agradable colorido que nos llena de emoción.

Lo mejor de todo es que, aunque el cohete explote, tampoco hubiera pasado nada grave si me hubiera perdido la gozosa explosión multicolor. Cuando has comprado a nivel de 20 o por debajo, si vendes cuando se corta la línea de 80 hacia abajo no pasa nada, porque tienes ganancias de todos modos. En mi caso, tuve la suerte de acertar que el viernes el IBEX explotaría y cambiaría de tendencia, pero incluso aunque no lo hubiera hecho, el lunes habría tenido margen de vender con el estocástico por encima de 80 y solamente hubiera perdido un 2%. Hoy, un día después acaba de bajar otro 2%, con lo que ya lleva perdido un 4% y supongo que seguirá bajando aunque cada vez con menos brusquedad.

La FED publicará sus actas y el mercado reaccionará bien o mal, dependiendo de las conclusiones que se saquen al hacer la autopsia a las actas de la FED, pero a mí me dará igual porque me importa bastante poco lo que pueda pensar el mercado o lo que pueda hacer. Mi sistema de inversión se basa en el estocástico lento y el estocástico no engaña.

El sistema es sencillísimo y rarísimamente incurro en pérdidas: COMPRAR cuando el estocástico lento está por debajo de la línea de 20 o, para mayor seguridad, justo cuando corta la línea de 20 de abajo hacia arriba y VENDER cuando el estocástico está por encima de 80 o, poco importa, justo cuando el estocástico corta la línea de 80 de arriba hacia abajo. De 80 hacia 20 es el momento de estar en liquidez o de ponernos cortos y desde 20 hasta 80 es el momento de cazar oportunidades o ponernos largos. Más simple y sencillo imposible.

Si alguno quiere comprobarlo, no tiene más que superponer el gráfico del estocástico lento al del IBEX (o de cualquier otro índice o gráfico de acciones). Observaréis que los suelos en el precio siempre están por debajo de la línea de 20 y los techos por encima de la línea de 80.

Me importan muy poco las noticias. Me da igual que haya que rescatar a Grecia o no, me importa un bledo que la FED retire los estímulos, me da igual que lo de Barcenas pueda hacer dimitir al Gobierno o que en Egipto haya revueltas o que suba o baje la prima de riesgo. Yo me fío del estocástico, y puedo asegurarlo, el estocástico no engaña.