La globalización está modificando a pasos agigantados las inversiones y hasta nos obligará a replantearnos la fiabilidad del análisis técnico y fundamental.

La globalización está modificando a pasos agigantados las inversiones y hasta nos obligará a replantearnos la fiabilidad del análisis técnico y fundamental.

Keynes dijo en una ocasión que el mercado puede mantenerse durante más tiempo irracional que tú solvente. Más que una afirmación puntual en un momento dado, yo la considero una afirmación que nos presentaba el futuro que nos está tocando vivir.

Los inversionistas están cambiando. Si hacemos una gran generalización y miramos al pasado, veremos la evolución de los inversores. Nuestros tatarabuelos ahorraban bajo el colchón y, algunos visionarios, comerciaban o creaban empresas e invertían para multiplicar sus ahorros. Nuestros abuelos solían ir al banco a que les recomendaran qué acciones comprar o en que productos invertir. Algunos de nuestros padres empezaron a mirar mal a los bancos y empezaron a aprender a invertir tomando decisiones por si mismos. Nosotros, en la actualidad, tenemos acceso a tecnologías jamás soñadas por nuestros antepasados como poder operar por Internet, trading automático, información económica globalizada prácticamente al minuto, productos de inversión de lo más complejo y variado, etc.

Si pudiéramos viajar en el tiempo al pasado, con las herramientas actuales, sin duda alguna podríamos batir con pasmosa facilidad al mercado y daría igual que operáramos intradía, a medio o largo plazo.

Lamentablemente, todos estos cambios, que nos habrían hecho ricos en el pasado, están creando justo lo contrario. Cada vez nos cuesta más estar al día, cada vez operar en bolsa se hace más difícil y tenemos menos control. El análisis técnico, por mucho que les duela a muchos, cada vez es menos fiable, precisamente porque la psicología de las multitudes y el efecto rebaño también están cambiando a pasos agigantados.

De todos es sabido que las multitudes no razonan ni actúan como los individuos que las forman. Un grupo formado en su mayor parte por gente que normalmente y por sí misma jamás se creería capaz de manejar su cartera de forma irracional, puede llegar a actuar de tal manera cuando los dos principales sentimientos, el miedo a perder (pesimismo) y la avaricia por ganar (optimismo) se apodera de los individuos.

Un individuo que se vea expuesto a un grupo de agentes que siguen un comportamiento de rebaño que no responde a variables objetivas, que actúan irracionalmente, puede actuar racionalmente uniéndose al grupo. El comportamiento del individuo y su respuesta serán perfectamente racionales, aunque la decisión del grupo sea irracional.

El comportamiento de rebaño, o de imitación de la “masa”, de la multitud, es particularmente importante en las burbujas económicas y, en particular, en las crisis financieras. Los comportamientos siempre suelen ser similares, se olvidan las pasadas burbujas y la euforia acaba llegando al mercado, subiendo los precios en un efecto de imitación, perdiéndose la razón. Cuando se recupera ya es tarde, la burbuja ya ha saltado y todo el mundo quiere vender, también por imitación, ampliándose el movimiento.

Antes, hace años ya, era importante saber cuál era y cómo valorar el sentimiento de la masa. Como sabemos, se trataba del nivel de optimismo o pesimismo que existía en el mercado (o en un valor, o sector concreto) en un momento determinado y, en ocasiones, incluso era bueno considerar el método de opinión contraria para invertir.

Antes, teníamos una certeza casi absoluta de que, cuando el sentimiento alcanzara un nivel extremo, ya sea de optimismo o pesimismo, era muy probable que se produjera un giro en el mercado. Cuando el nivel de optimistas alcanzaba un nivel extremadamente alto, solía producirse en un plazo corto de tiempo, un techo en las cotizaciones. Cuando el nivel de pesimistas alcanzaba un nivel extremo, solía indicarnos la proximidad de un suelo.

El motivo era simple, cuando había demasiado optimismo nos indicaba que, probablemente, mucha gente ya había comprado y, por lo tanto, quedaba poco dinero disponible para comprar. Cuando el dinero se agotaba el mercado caía por su propio peso y por la pura ley de oferta y demanda.

Contrariamente, cuando demasiados inversores estaban bajistas era porque probablemente ya habían vendido y cuando se agotaban los vendedores estábamos cerca de un suelo de mercado, nuevamente por la lógica ley de la oferta y la demanda.

Antes, era muy importante conocer el estado de la “masa”. Era imprescindible conocer cual sería el comportamiento de la masa, del mercado, de la multitud que movía los precios.

Si la masa se movía al alza, el precio subiría, pero a veces la masa se daba la vuelta y no le importaba lo que dijeran los profesionales, atrapando a los inversores individuales más incautos.

La masa siempre ha sido como un banco de peces que se mueven todos juntos en una sola dirección. Pero de repente, cuando menos se espera y muchas veces sin razón aparente, giran todos a una gran velocidad. Si nosotros somos el último pez que sigue a la masa, asumiendo que el resto de peces saben hacia dónde está bien dirigirse en cada momento, llegaremos siempre tarde en cada giro y estaremos vendiendo cuando hay que comprar y comprando cuando hay que vender.

El gran problema es que la “masa” cada vez es más grande y más incontrolable. Antes, cuando no había ordenadores, los mercados se movían por lo que sucedía en los parqués. La “masa” estaba constituida por las personas que cabían en el parqué y si la mayoría vendía, se producía el contagio y todos vendían. Si la mayoría compraba, todos compraban.

Luego, con la llegada de los primeros ordenadores y la prensa económica cada vez más al alcance de la gente, la llamada “masa” dejó de circunscribirse a los parqués y se amplió a la gente que cabía en un país. Empezaba la era de las ordenes de compra-venta por Internet, la gente tenía más información, las noticias no tardaban días en llegar como antes y los rumores circulaban cada vez más rápido.

Pero hoy en día, con la globalización y los grandísimos avances técnicos, puede decirse que la “masa” ha alcanzado una magnitud mundial. Todos podemos invertir con un ordenador y una conexión a Internet. El problema es que la masa antes era predecible, era como un banco de peces que se movía en una sola dirección. Hoy en día el banco de peces es tan enorme que no es raro que de repente el banco se mueva en todas direcciones. Es como si el banco de peces hubiera dejado de ser algo colectivo y se rigiera por un “sálvese quien pueda”.

Indudablemente la masa se moverá en dos o tres direcciones principales que serán las buenas, pero parte de la masa se moverá en las direcciones equivocadas y quedarán frente a las bocas de los grandes depredadores.

Hoy en día, al contrario que ocurría antes, existe una grandísima correlación entre los mercados internacionales. La correlación que existe entre unas y otras bolsas es una variable muy importante en el precio de una acción. Cada año se incrementa gracias a la globalización de la economía mundial de tal manera que un inversor no puede mirar únicamente lo que sucede en su entorno sino que tiene que estar muy atentos a la evolución de otros mercados.

Antes del crash de octubre de 1987, la correlación entre las bolsas era muy pequeña y, desde entonces, se ha ido incrementando hasta los momentos actuales, en los que hechos como la unificación monetaria europea han conseguido que los mercados europeos se muevan casi al unísono con el mercado americano.

Ya no es posible hablar de diversificación centrándonos exclusivamente en un solo país. La correcta diversificación de una cartera de valores sólo se conseguirá acudiendo a mercados poco correlacionados con Europa o EE.UU. como son los asiáticos o los latinoamericanos e incluyendo otros tipos de activos (renta fija gubernamental, corporativa, gestión alternativa, derivados, etc.).

La misma eficiencia de los mercados financieros globales, engendrada por la rápida proliferación de los productos financieros, también tiene la capacidad de trasmitir errores o crisis a un ritmo muy rápido a través del sistema financiero, en formas que fueron desconocidas hace una generación, y no imaginadas ni remotamente en el siglo XIX.

La tecnología actual permite a un solo individuo iniciar transacciones masivas con una ejecución muy rápida. No sólo se ha incrementado la productividad de las finanzas globales, sino que también, obviamente, la habilidad de generar pérdidas ha crecido a una tasa previamente inconcebible.

La globalización económica y financiera también ha terminado afectando a las empresas, obligándolas a grandes y profundos cambios en todos los aspectos imaginados y por imaginar.

La globalidad económica y financiera les brinda a las empresas la oportunidad de diversificar su actividad en otros mercados, sobre todo en emergentes (por su capacidad de crecimiento), para garantizar así la extensión del ciclo de vida de sus productos. Este proceso tiene como consecuencia que las cotizaciones de las multinacionales que desarrollan una parte significativa en otros países, no dependan sólo de la evolución de las variables macroeconómicas de su mercado local, y dependan cada vez más de un índice globalizado de la economía.

Por ejemplo, en Europa, dependemos del sector Exterior. Las exportaciones representan cerca del 45% o 50% del PIB y los resultados que obtendremos invirtiendo en unos sectores serán sustancialmente distintos a los de otros sectores.

Del mismo modo que están cambiando las bolsas y las empresas, están cambiando los productos y hasta los actores principales de la actividad financiera mundial. Cada vez hay más información disponible en los medios de comunicación y muy especialmente en Internet. Todo esto ha estimulado la aparición de nuevos inversores de los llamados modestos: miles y miles de ciudadanos que invierten en bolsa sus ahorros y que manejan información antes sólo accesible a los profesionales. Finalmente, los sistemas de inversión permiten establecer alarmas. Es decir, los programas avisan al usuario en el momento en que las acciones de una empresa pasan de un determinado precio, para que éste pueda reaccionar comprando o vendiendo.

Incluso hay herramientas para aprender hoy en día. Antes la única posibilidad era aprender con lápiz y papel y, muchas veces, se cometían errores de todo tipo como no tener en cuenta las comisiones, los deslizamientos de precios, etc. Actualmente, si buscas aprender a operar en bolsa o de momento no tienes dinero para comprar acciones, o prefieres no arriesgarlo, igualmente puedes convertirte en un “inversor virtual” con los simuladores de bolsa. Es tan sencillo como apuntarse en cualquiera de los simuladores y te dan dinero imaginario para comprar y vender acciones u otros productos. El resto dependerá de tu habilidad, pero para aprender es un sistema sensacional que ya hubieron querido poder disfrutar nuestros abuelos e incluso nuestros padres.

Llegados a este punto, podemos preguntarnos: ¿están cambiando las normas de análisis técnico?

Esta es una pregunta de difícil respuesta. Los defensores del análisis técnico dirán que no ha habido cambios en el análisis técnico y que sigue siendo muy fiable. Yo no estoy de acuerdo y pienso que el análisis técnico está dejando de ser tan efectivo y tan infalible como podía serlo antes.

Siempre he mantenido que el análisis técnico cada vez es más popular. Antes, cuando no había Internet, teníamos que comprar libros, en inglés u otros idiomas que entendíamos más bien poco, para aprender análisis técnico. Hoy en día, con Internet, no sólo podemos descargarnos cualquier libro de análisis técnico en español, sino que además miles de páginas nos explican como realizar análisis técnico. Cada vez hay más gente que sabe lo mismo, que pone los stop-loss en los mismos sitios, que compran cuando se supera una resistencia o rebota en un soporte y que venden cuando se perfora el soporte. Si todos sabemos lo mismo, ¿no es lógico que ninguno seamos millonario? Todos hacemos lo mismo, todos operamos igual poco más o menos. ¿Qué ventaja nos da el análisis técnico frente a los demás? La respuesta es: ninguna ventaja, y, encima, llegan los listos que hacen justo lo contrario y nos despluman.

Las normas de análisis técnico fueron definidas en una época en la que había una clara correlación entre los mercados y la psicología de las masas y, además, las masas sabían más bien poco de análisis técnico. Actualmente todos disfrutamos de ordenadores, aunque unos pocos disponen de superordenadores programados para tener en cuenta cien mil variables a la vez si es necesario. Dicho de otro modo, aunque tenemos ordenadores que nos facilitan la inversión, en el fondo la masa sigue usando utilitarios frente a los bólidos de carreras que utilizan los peces gordos del mercado con esos superordenadores que permiten trading de alta frecuencia, que contemplan todo tipo de variables, etc.

Con dichos superordenadores no es nada complicado para los grandes inversores generar pautas de precios en las cotizaciones que permitan, ante la esperanza de beneficios que pudieran crear en el gran público (que sería la parte psicológica), ir a su vez generando mediante técnicas masivas de escalping computerizado, las operaciones contrarias a las que se podría esperar de dichas pautas (que sería la parte automática), y en instantes de tiempo tan cortos que anularan la reacción de las gacelas, dejándonos pillados a todos los inversores.

Si lo piensas fríamente, entre que tú pones tu orden en el mercado de forma manual, hasta que la retiras en la misma forma, un superordenador puede generar tal montón de operaciones, que cuando quieres reaccionar te has arruinado.

Visto lo visto, dan igual tus valoraciones, tus estrategias y todo lo que quieras pensar, lo único rentable en un 99% de los casos es replicar a los peces gordos. Pero claro, si fuera tan fácil saber lo que hacen y por qué, dejaría de ser rentable replicarlos.

Piensa que, además de mil datos a los que tú no tendrás acceso en tu vida, esos superordenadores extraen información de sitios como, por ejemplo, las redes sociales y obtienen valiosos datos sobre los sentimientos de los mercados, valoración de las empresas, etc.

¿No te ha pasado nunca que ves como empresas estupendas, sin deuda, con beneficios y dividendos sostenidos y totalmente seguras no dejan de bajar cuando el análisis fundamental y técnico indican todo lo contrario?

Eso ocurre porque los superordenadores escanean las redes sociales y analizan el sentimiento del mercado. A veces acciones muy buenas les caen gordas a la gente por cualquier motivo y los superordenadores dan orden de ponerse cortos porque saben que la gente no se va a lanzar a comprar esas acciones sino todo lo contrario. Luego, el día que la gente cambia de opinión y empieza a caerles bien esa acción a mucha gente, los grandes inversores ya llevan tiempo comprando para acumular todo lo posible y vendérselas a los pardillos que buscan información en las redes sociales.

Mi opinión es que a muy grandes rasgos siempre funcionará el análisis técnico, ya que siempre habrá tendencias pero cada vez habrá que utilizar el análisis técnico con mayor prudencia y tiento. Otra cosa que ha cambiado, a parte de la introducción de sistemas automáticos de trading, es que cada vez hay menos inversores de largo plazo en comparación a inversores de intradía y corto plazo. El inversor cada vez es más impaciente y reduce su horizonte temporal aumentando su apalancamiento. Eso favorece los bandazos y las tendencias más abruptas y menos suaves y por eso la volatilidad cada vez es más acusada en los mercados.

La mejor prueba quizá podemos encontrarla en lo difícil que se está haciendo colocar los stop-loss para que no nos los barran. Anteriormente el análisis técnico te indicaba muy claramente donde colocar el stop-loss (soportes, medias, etc.) pero hoy en día los grandes inversores saben dónde pondrá la gente los stop-loss y se dedican a barrerlos casi por sistema para ir devorando gacelillas despistadas que hacen sus primeros pinitos en bolsa.

Por eso yo cada vez me veo forzado a dar más holgura a los stop-loss para no quedarme fuera y contemplar con cara de idiota como me pierdo todas las ganancias porque previamente me han sacado del mercado barriendo mis stop-loss.

Nos guste o no, el análisis técnico también está evolucionando y llegará un día no muy lejano que falle tanto como una escopeta de feria. Lo único que podemos hacer es ir teniendo en cuenta que vivimos en un tiempo de cambios y que solamente formándonos de manera continuada y siguiendo todo lo que pasa en los mercados podremos sobrevivir. Mi consejo es que reviséis constantemente vuestros sistemas de trading y los vayáis reciclando y readaptando a los cambiantes mercados.

Cada vez más, la tendencia es nuestra amiga, pero no la tendencia de un índice o de una acción determinada (como ocurría antes), sino la tendencia global de los mercados. Sigue al mercado si no quieres morir en el intento. Reinvéntate día a día o sucumbirás.